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Nada que objetar

Las planicies africanas no lograban contener tanta energía. Mimetizados con la espesura de la selva la familia de nativos disfrutaba de la vida. Su vida. Muy diferente a la nuestra, obvio. Pero vida al fin. Corría el siglo 18. La esclavitud era “el negocio” del momento, y el tráfico de esclavos negros estaba en su apogeo. Y a esa familia le llegó su turno. Él por un lado y ella, con dos niños de la mano, por el otro. Concentremos la historia en ella. Las pampas argentinas fueron su nuevo hogar. Algún hacendado europeo la compró para su finca por algunas monedas.

Asustada emprendió la ardua tarea de adaptarse a su nueva vida, idioma, clima, costumbres. Con dolor y sacrificio crió a sus dos pequeños. Una de sus nietas, María Ercilla, creció libre. Sí. La sombra de la esclavitud había sido disipada por emancipadores del viejo continente. Y le llegó a ella el momento de iniciar su familia. ¡Una nueva vida!

Radicada en el Norte de Argentina, provincia de Tucumán, forma su hogar junto a su esposo y los hijos que Dios le daba. Abrazó la fe católica de todo corazón, a tal punto que su cuarto era una exposición de cuanto santo ande suelto. Velas, inciensos, imágenes y estampitas llenaban la sala, como para prevenir que aquella historia de horror y humillación vivida por su madre se le repita. Pero el día que nunca olvidaría llegó cuando Jesús le dijo que la amaba y cuando ella consagró su vida entera a Su servicio. En un acto heroico, Doña Ercilla y su marido, amontonaron todos esos ídolos y los quemaron. De allí en adelante, viviría para agradecerle a su Señor tanto amor. Transmitió su nueva fe a toda su familia. A su hija, Doña Carmen, y a su nieta, Marta Nora, (mi esposa) que hoy decora mi vida con su amor desde hace 25 años.

Como lo puedes ver Dios tenía un plan para mi esposa y para mí en este país, hoy, en estas sencillas reflexiones que tienes en tus manos, pero comenzó a obrar siglos antes, a kilómetros de aquí, de la forma menos convencional que yo pudiera imaginarme. Descansa, confía, calla. (Él sabe lo que está haciendo en ti).

Pensamiento del día:

Cada día vivimos un acto más en la historia de nuestra vida, y solamente el Director de la obra decide cuando se cierra el telón.

Pablo Martini