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LOS PERJUICIOS DE LOS PREJUICIOS

Un campesino adulto y su hijo caminaban juntos en un día de verano, cuando el padre dijo al muchacho: “Mira, recoge esta herradura que está tirada a orilla del camino.” “¡Bah!”,respondió el chico, “ni vale la pena agacharse, no vale sino dos pesetas”. El padre la levantó y se la echó al bolsillo. En la primera aldea la vendió por 5 pesetas las que luego gastó en cerezas. El clima era seco y el calor insoportable. El muchacho abría la boca para aspirar aire que aliviara la sequedad de su garganta. El padre, entonces, dejó caer descuidadamente una cereza. El muchacho la recogió y se la llevó a la boca. Después el padre fue dejando caer otra y otra que el muchacho recogía...

Un campesino adulto y su hijo ...

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