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Con los vidrios polarizados

El final del capítulo tres de la Canción de canciones que escribiera Salomón narra la separación de una muchacha de su amado novio. ¿La causa? Una pared que ella misma había levantado. Un muro de comodidad, disfrute y conformismo. Insistentemente el novio intenta atravesarlo pero tenía puesto cerrojo. Se va. Los seres humanos tenemos la tendencia a aislarnos antes que a relacionarnos. Levantamos muros en lugar de construir puentes. Justificamos nuestra hermética actitud argumentando que hemos sido traicionados muchas veces, que ya no se puede confiar más en nada ni en nadie, que cada uno rema el agua para su propio molino… Encerrados en nuestras casas, extendemos las cortinas que solamente dejan ver el reflejo del televisor desde afuera. Televisor que nos sustrae del tiempo de familia. Madrugamos para meternos en nuestros autos con vidrios polarizados para que no nos vean y nos escondemos diez horas en la oficina para meternos nuevamente en nuestros autos y en nuestras casas al final del día. Cuando estamos en sociedad frente, a otras personas, el celular es nuestro escondite. Así, tapamos los oídos con los auriculares y sólo levantamos la vista de la pantalla de nuestros teléfonos para recibir la tarjeta de crédito por la compra realizada. Muros, paredes, frascos… ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿Acaso es esto desarrollo, evolución o como quieran llamarlo??? La ciencia  le llama ermitaño al hombre primitivo, u hombre de las cavernas. Creo que la versión prehistórica de nuestra raza propuesta por la ciencia está en lo correcto, sí, pero al revés. Buscamos cuevas para meternos en ellas. Al igual que el padre de “Los Croods”, vivimos presos de miedos infundados. Si ese es tu caso debes animarte a la emocionante vida de fe en Jesús que deja atrás los temores y prejuicios. Dios hizo al hombre y a la mujer libres. Libres para disfrutar del Paraíso, libres para disfrutar uno del otro, libres para disfrutar de Dios. No pienso que Dios haya creado cavernas en el Edén, las hicimos nosotros, porque el pecado, al igual que lo hizo con Adán y Eva, hace que te escondas. Sólo Dios puede sacarte a una vida nueva, libre y de disfrute. No puedes ver bien la vida con los vidrios polarizados.

Pensamiento del día:

El hombre “moderno” se está volviendo cavernícola.

Pablo Martini